martes, 29 de abril de 2008

Cambios de letras (2da Parte)

Qué letras dejar

En general, debemos dejar una cantidad más o menos balanceada de vocales y consonantes, para tener más posibilidades de obtener un atril balanceado luego del cambio. También es importante observar cómo combinan las letras que vamos a dejar en el atril. Hay combinaciones que son valiosísimas, por lo que mantenerlas puede asegurarnos un scrabble muy pronto. Por ejemplo, las letras H, B y R aparecen juntas en muchas palabras de nuestro lenguaje: HIERBA, HIBERNAR, HUBIERA, HABRÍA, etc. Las letras C, RR en CARROZA, CERROJO, CARROÑA, CIRROSIS, CARRERA, etc. Así debemos primero visualizar cuáles son las combinaciones más comunes, sobre todo si involucran consonantes de alto valor. En cuanto a los valores de las letras también se puede decir que conviene dejar la mayoría de letras de bajo puntaje por su versatilidad, pero también conviene reservar fichas de alto puntaje si hay buenas posibilidades de jugarlas, aunque estas últimas no se llevan muy bien entre sí, cuando hay más de dos, en general.

Otras situaciones que ameritan un cambio

Una situación donde puede ser vital cambiar es cuando la partida se acerca a su fin y tenemos letras de difícil salida que, dada la situación del tablero, no podemos colocar. Quedarse con una Q o una X al final, cuando no hay lugar en el tablero donde ubicarlas, puede provocar que perdamos una partida reñida.

También podríamos decidir cambiar cuando las puntuaciones van muy parejas, el tablero ofrece pocas posibilidades y hay muchas letras útiles que quedan en la bolsa y que pueden ayudarnos a ganar la partida.

Queremos una letra en particular: cambiar 1 x 1 = mala decisión

En general, no es una buena estrategia mantener determinadas fichas por varios turnos a la espera de obtener letras concretas que nos permitan construir un determinado scrabble que se nos ocurre que sería fantástico jugar, cerrándonos a todas las demás posibilidades. Hacer un cambio de una letra por otra esperando una en particular, es jugar a la lotería y es, salvo que tengamos mucha suerte, una mala decisión. Supongamos que tenemos CEOOPSX y se nos fija en la mente que si pudiéramos cambiar esa molesta P por una N podríamos formar CONEXOS sobre un 3P y hacer muchísimos puntos. Tentados, cambiamos la P, y la bolsa nos devuelve una Q. Ahora sí que estamos en problemas. Esa fichita que nos falta podría no llegar, o llegar incluso muy tarde, cuando ya no hay lugar para el scrabble, llevando nuestra frustración hasta las nubes. Para tener una idea de cuán improbable es que justo nos toque la letra que esperamos es evaluando un poco de probabilidades. Por ejemplo, del total de 100 fichas, hay 12 A y 12 E, por lo que podemos decir que prácticamente el 25% de la bolsa se compone de estas dos fichas. Por ello 1 de cada 4 fichas que saquemos serán una A o una E. El panorama es mucho menos alentador cuando hablamos de una letra M por ejemplo. Tenemos 1 chance en 50 de obtenerla de la bolsa. Esta estrategia es recomendable de ser aplicada solo al final de la partida cuando las probabilidades comienzan a ser mucho mejores, ya que podemos empezar a adivinar mejor las fichas que quedan en la bolsa. Aún así, la ficha ni siquiera puede estar en la bolsa; el oponente puede tener el último ejemplar en su atril.

Seguimiento de fichas

Es muy importante conocer la distribución de las letras en el juego, es decir, qué cantidad de fichas de cada letra existen y estar atento a cuántas se han jugado ya. Con esto, podremos tener una idea más clara de qué fichas podemos esperar de la bolsa y en el caso de que todas las fichas de una letra se hayan puesto ya en juego, tendremos la certeza de que ya no obtendremos más. Al principio del juego esto es azar puro, pero a medida que la partida llega a su fin, es cada vez más fácil adivinar cuáles son las fichas que quedan en la bolsa y calcular las posibilidades de obtenerlas. En algunos torneos se permite a los jugadores tener un listado de letras e ir tachando las que van saliendo para mantener un recuento de cuántas y cuáles letras quedan en la bolsa. Por supuesto que nunca sabremos cuáles de esas letras están en el atril de nuestro rival.

Los extremos son malos

Es muy probable que pasemos por los dos extremos antes de poder encontrar un balance apropiado: o no cambiamos nunca y nos pasamos toda la partida limitados por los atriles pobres, o exageramos y nos empecinamos en cambiar demasiadas veces para tratar de tener siempre un scrabble, tirando todo el resto de estrategias a la basura. En las primeras partidas es probable que vayamos al primer extremo, y cuando descubramos la potencia de los cambios nos vayamos al otro. Por eso, si bien los cambios son buenos en determinadas situaciones, hay que hacer un análisis completo antes de decidirse a cambiar nuestras fichas.

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